En 1991 se constituyó la Facultad de Humanidades, en donde se impartían la Licenciatura en Filosofía y la Maestría en Antropología e Historia. Un año después se crearon las maestrías en: Antropología, Filosofía e Historia. Fue en ese momento cuando esta dependencia de educación superior cambió de denominación, surgiendo así la Facultad de Filosofía.

En 1997 se abrió la carrera de Antropología, luego vendría la de Historia y, finalmente, en 2012 se incorporan a esta Facultad las de Gastronomía y Desarrollo Humano para la Sustentabilidad. Y para garantizar la actualización de los egresados y cumplir con la función de extensión académica para con la comunidad en general,  la Coordinación de Educación Continua oferta cursos, talleres y diplomados.

Una Facultad con historia

Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿Cómo se construyó nuestra escuela? ¿Qué hay debajo de ella? Sin embargo estas dos preguntas pueden guardar un gran misterio, especialmente en un edificio tan antiguo como el que hoy alberga el Campus Centro Histórico de la Universidad Autónoma de Querétaro.

Para contar la historia de este edificio es necesario remontarnos muchos siglos atrás. Como antecedente, diremos que a partir de la llegada de los españoles al continente comenzaron los encuentros y desencuentros entre personas de culturas muy distintas. El siglo XVI fue muy agitado, estuvo lleno de batallas que otorgaron a unos cuantos el título de “vencedores” y, a muchos otros, el estigma de vencidos. Además de las guerras, las epidemias también causaron grandes mortandades y migraciones entre los pobladores originarios. Una vez establecido el virreinato de la Nueva España, dio lugar a un gran laboratorio poblacional: indios, españoles, negros, mestizos y criollos fueron protagonistas de una nueva sociedad que comenzaba a formarse y a redefinirse.

Y fue, justamente en el siglo XVI, cuando diferenciándose de su anterior fisonomía indígena, el pueblo de indios de Querétaro se fundó con la traza urbana que lo distinguiría en adelante. Al estar en un lugar privilegiado entre la capital de la Nueva España y el norte minero, poco a poco Querétaro fue creciendo de tal forma que para el siglo XVII era ya una de las tres ciudades más importantes del virreinato. En contraste con el anterior, el siglo XVII tuvo un ritmo lento, característica que permitió la gestación de la vida novohispana. En ese periodo se consolidaron costumbres y aspectos tangibles e intangibles que, en algunos casos, podemos apreciar en la actualidad, como la gastronomía, que ilustra la conjunción de diversas culturas expresada en los platillos típicos de diversas regiones. Otro ejemplo es nuestro edificio, no es casualidad que éste haya sido construido precisamente en el siglo XVII y lo más impresionante es que, aunque ha sufrido modificaciones, en la actualidad todavía sigue siendo destinado para el fin para el que fue diseñado: ¡la educación! En aquel entonces, los jóvenes queretanos de los sectores más acomodados - peninsulares, criollos, e incluso indios nobles- tenían que ir a la Ciudad de México para recibir una educación formal. Es por ello que solicitaron la llegada de la Compañía de Jesús, orden religiosa que gozaba de fama como excelentes educadores. Con el donativo de los más interesados dio inicio la construcción del primer colegio jesuita que, por cierto, se levantó sobre vestigios anteriores. Sin embargo, éstos (entierros y restos de construcciones de piedra) por el momento sólo nos presentan incógnitas, no sabemos si datan del Posclásico Tardío, o de alguna fecha posterior.

Un hecho muy importante es que el edificio fue construido con la mano de obra de indígenas otomíes. Es así que el Patio Barroco expresa arquitectónicamente -con sus arcos de medio punto, sus querubines y la fuente de cantera- en contrastes de luz y sombras, el mestizaje de cosmovisiones y arte de las culturas que formaron a la sociedad novohispana. El Colegio de San Ignacio se fundó el 20 de agosto de 1625. Los primeros años debieron dedicarse a las primeras letras: aprender a leer, escribir, contar, aumentando el nivel poco a poco. Los jesuitas trajeron la corriente pedagógica del Renacimiento. Eso explica la importancia que le dieron a las humanidades y que la música y el teatro fueran herramientas importantes de su sistema educativo.

Años después, el Colegio de San Ignacio estuvo a punto de cerrarse por falta de recursos, pero en 1680, con nuevos aportes se reedificó el Colegio de San Ignacio y se fundó el Colegio de San Francisco Javier. Éste era el centro de estudios más avanzado de Querétaro, se estudiaba filosofía, teología, latín y se obtenía el título de bachiller en artes. Ya en la segunda mitad del siglo XVIII, ambos colegios se incorporaron a la Real y Pontificia Universidad de México, lo que les confirió el título de Reales y Pontificios Colegios Seminarios y se les facultó para conferir grados. En 1767, los colegios fueron abandonados cuando la Compañía de Jesús, por su influencia en la educación superior y por su carácter independiente, fue sorpresivamente expulsada de los dominios americanos. Unos años más tarde, los colegios fueron puestos en servicio de las milicias provinciales con lo que se tomaron como cuarteles y establos. 

Siendo México ya un país independiente, en 1869, el Congreso local del estado dispuso que los antiguos colegios se fusionaran en uno solo al que se denominó Colegio Civil. La reapertura estuvo encabezada por el Lic. Próspero C. Vega. Los cambios de administración significaron modificaciones a los antiguos programas de estudios, materias y métodos de enseñanza. Después de muchos vaivenes, a finales de 1950 el Colegio Civil también fue clausurado. Además de la belleza arquitectónica, el campus que alberga la Facultad de Filosofía fue pensado, desde su origen, para ser un lugar de enseñanza. En la actualidad sigue cumpliendo con esa misión, ahora a cargo de la Universidad Autónoma de Querétaro. Es un verdadero deleite estudiar en un edificio lleno de historia, lleno de vida y de tantas cosas que continúan siendo un misterio.